Paulino Arreola Arreola
escribe el prólogo del libro
Una fisura en el espejo
de Margarita
Quevedo Urías
PRÓLOGO
Hay infiltrados de dos vías en todas
las prisiones del mundo: personal del sistema penitenciario y gubernamental que
se encuentra, de incógnito, entre rejas; y prisioneros que desde las celdas del
penal ostentan a través de los gobernantes corruptos un acceso completo a la
información, y poseen, por tanto, un mayor o menor grado de poder sobre los
carceleros y sobre las autoridades en el exterior.
Ese espionaje de doble vía,
sustentado por la traición y la corrupción, es lo que genera las fuerzas
necesarias que permiten, por un lado, que los prisioneros y sus cómplices en el
exterior sigan cometiendo crímenes y, por otro lado, que las autoridades
continúen investigando hasta encontrar las conexiones entre los internos y los
líderes intelectuales de la ola de violencia existente en la sociedad.
Margarita Quevedo Urías escribe Una
fisura en el espejo y encuentra en este libro un medio de infiltrarse en el
ambiente carcelario del Centro de Readaptación Social (CERESO) de ciudad Juárez,
Chihuahua. Sin embargo, ella no pretende ni intenta infiltrarse en las cadenas
de poder de la prisión para desenmascarar ni acusar a nadie, porque su
ministerio es de conocimiento del ser humano y de denuncia para hacernos
reflexionar en torno a la necesidad urgente de encontrar caminos para mejorar a
la humanidad a través del amor y del reconocimiento tácito de que Dios existe.
Al concretizar la aventura de
internarse como una más de las prisioneras, por su libre y espontánea voluntad,
Margarita pretende penetrar en la fisura del espejo, que es la puerta por donde
se accede a los pensamientos más recónditos y a los secretos mejor guardados de
las reclusas. Éstas, deciden contar sus historias a la autora para dar
testimonio de cómo seres inocentes se convierten en criminales a causa del caos
financiero del pueblo en general y por la carencia de valores firmes para
soportar las embestidas de la multifacética tentación que se presenta con
rostros de pobreza, de abusos físicos y psicológicos, de violaciones, etc.
En las entrevistas realizadas por
Quevedo, se muestra a cada reclusa como protagonista de una historia que raya en
lo inverosímil, por la crudeza con que se presentan, pero que con el
profesionalismo de Margarita Quevedo toman su lugar en los anales de la
investigación antropológica social válida y validada por los expedientes y por
los antecedentes de cada una de las prisioneras.
La peligrosa combinación de
ignorancia, pobreza, criminalidad, drogas y sexo es la constante en la
problemática de la fisura en el espejo de las protagonistas de este libro,
personajes cuyos nombres aparecen cambiados para no poner en riesgo la seguridad
de las entrevistadas y de sus familiares, así como para protegerlos de posible
daño moral al publicarse los resultados de esta investigación.
Patricia es drogadicta, cantinera,
sexo-servidora y ladrona, y es abusada y utilizada por los hombres que cruzan en
su vida.
Elena, que nace en la pobreza
extrema, sufre el cautiverio por parte de su mamá, por su padrastro y por su
pareja. Además de constantes golpizas que su padrastro le propina, come
desperdicios y es violada por cholos. Se convierte en prostituta, alcohólica y
drogadicta con varios intentos fallidos de suicidio.
María también es víctima del
machismo, de la pobreza extrema e intenta suicidarse en varias ocasiones. Es
violada constantemente. Golpeada por su celosa tía que la había rescatado
previamente de la pobreza en que su madre la mantenía.
Lupita, cuyos padres son drogadictos
y faltos de moral, es adicta a las drogas y al sexo. En compañía de sus padres
se convierte en ladrona para solventar el gasto que les ocasiona el ser adictos
a la heroína. Es violada frecuentemente por su padre a cambio de heroína y de
comida. Ya adulta, compara el sexo de sus parejas y recuerda que era mejor el
que sostenía con su padre. Sin educación formal termina por embarazarse de su
padre y acaba presa por ladrona. Su hijo hereda la dependencia a la heroína.
Suicida fallida en varias ocasiones, Lupita continúa robando a sus propias
compañeras de celda en el CERESO para solventar su necesidad de consumir
heroína.
Gloria vive con su padre alcohólico y
golpeador y se ve obligada desde pequeña a trabajar cuidando niños. A los trece
es violada por alguien de dieciocho de edad. Suicida fallida se gana la vida
bailando desnuda en los bares y llega a tener varios hijos. Consume y
comercializa drogas además de alcoholizarse. Es utilizada por su pareja para el
comercio de las drogas tanto afuera como adentro del CERESO. Su adicción a las
drogas no merma al estar presa, pues en el CERESO encuentra de todo.
Cristina es producto de una violación
tumultuaria y es violada a su vez desde los siete hasta los catorce años de edad
por uno de los hombres de su madre. Es golpeada frecuente y cruelmente por su
mamá, quien además la discrimina y la humilla, además de vestirla de hombre
desde pequeña. Adicta al sexo llega a ser violada por siete sujetos en una noche
y por gusto tiene sexo cada vez que se le presenta la oportunidad, con lo que
llegó a tener sexo con todos los cholos del barrio. Termina convirtiéndose en
prostituta y ladrona quien roba de todo y se convierte en drogadicta. Embarazada
a los quince años de edad abandona a su hijo recién nacido en el hospital y
escapa para siempre. Mata a su segundo hijo clavándose unas tijeras en el
vientre. Es prisionera en Texas por robo y en México por secuestro. Mantiene a
su pareja, quien le es infiel aprovechando que ella está fuera buscando el
sustento para ambos.
La fisura que Margarita Quevedo
encuentra en el espejo de estas seis mujeres entrevistadas representa, en este
libro, las cicatrices que los seres humanos llevamos en el alma. Cicatrices
estas que son cada una algo más que un sufrimiento, que una amargura, que una
vejación. Cicatrices que en el espejo reflejan una sociedad cruel que pisotea
con mayor violencia a los más desprotegidos que carecen de educación y valores
morales porque sus mismos progenitores no tuvieron acceso a una vida digna. Las
cicatrices que Margarita Quevedo nos muestra sugieren la posibilidad de que la
carrera delictiva de las protagonistas pudo haberse iniciado por el simple hecho
de haber nacido en la pobreza extrema y sin modelos de éxito que les pudieran
servir de ejemplo.
Es tan doloroso conocer de primera
mano las vidas de las reclusas, que Margarita Quevedo no puede evitar quedarse
también con una fisura personal en su alma, por la tristeza que le acompañará
por siempre desde que salió del penal, pero sobre todo por el sentimiento de
impotencia que le invadió cuando experimentó lo que es perder la libertad,
aunque, en su caso, fuese solo por una semana.
El libro Una fisura en el espejo es
el cuarto intento de Margarita Quevedo Urías por encontrar la fisura en el mundo
de la literatura que le permita ingresar para siempre a las listas de los seres
que se preocupan, y no sólo para denunciar, sino también para actuar y mostrar
su compromiso con las causas de los más desprotegidos que le rodean en el mundo
que le ha tocado vivir.
Cd. Juárez, Chihuahua, 1º de
Noviembre de 2008.
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