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©Veinticuatro
horas
Autor: Paulino Arreola Arreola
Las hormigas encontraron su comida
y las aves de rapiña su banquete.
Una joven inconsciente recordaba
su camino de la infancia a adolescente;
el vestido de elegante quinceañera
y besar por vez primera en la boca,
y desear con ansias locas ser la dueña
de mil cosas, como anhelan las señoras.
De los árboles las hojas se caían.
Los columpios se mecían en recuerdos
de los años de muñecos. De la escuela
travesuras, las tareas, los recreos.
Recostada en la arena del desierto
por la noche el viento fresco y en el día
el calor la consumía lentamente,
más no supo ni en su mente que moría.
Veinticuatro horas llenas de recuerdos
sin saber que en ese tiempo fallecía
se durmió en sus fantasías satisfecha,
teplanteándose las metas de su vida.
Extrañó a sus padres y a su fiel amiga
y a pesar de las hormigas en su cuerpo
y sus labios tan resecos, fue su muerte
como un sueño adolescente. Se fue al cielo. |
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