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©Mojado
Autor: Paulino Arreola Arreola
Se despidió de su mujer y los hijos
lo abrazaron con cariño y con tristeza.
No llevó ni una maleta entre sus manos
y sus sueños van saltando en su cabeza.
Se encaminó hacia la puerta de la choza
y en el rostro de la esposa la zozobra
reflejaba una sombra de agonía
y en su vientre una cría se desarrolla.
No se olvide que esperamos que regrese.
Aunque pasen muchos meses, yo lo espero.
Volveré por el invierno con la plata
pa´ comprar algunas vacas y becerros.
Adiós papi. No se olvide de traernos
los juguetes que queremos y unas blusas.
Más que eso, preciosuras, si me rezan
y la “migra” en la frontera no me expulsa.
El invierno ya se ha ido y él no vino.
Sólo Dios sabe el destino de mi esposo.
Él lo dijo muy gustoso: “Yo volveré
con la plata y a conocer al retoño”.
¿Dónde estás, amado mío, que no vuelves?
Tengo fe en que sí me quieres, pero el niño,
el bebé recién nacido sufre tanto
y la niña es puro llanto desvalido.
Tengo miedo de decirle a los chamacos
la verdad de los mojados. Los peligros
cuando cruzan por el río y el desierto
a buscar el alimento de los hijos.
Cada noche cuando rezo miro al cielo
para pedir un deseo y un milagro,
pero el tiempo se hace largo y el silencio
de tu ausencia huele a muerto no encontrado. |
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