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©Mi nueva ciudad
Autor: Paulino Arreola Arreola
¿Qué ciudad tan desquiciada me ha parido?
Hoy me siento confundido ante la escena
de la muerte que se empeña presurosa
en cambiar por una rosa mil cadenas.
¿Cuál herencia a nuestros hijos les dejamos?
Les diremos: el final no es eterno,
esos diablos del averno han salido
a tornar los paraísos en infiernos.
Convirtieron veinte plazas en mil antros.
Nos cambiaron los blancos algodonales
por el verde que en costales se transporta
hacia el norte y retorna en verdes vales.
Desde muy variados pueblos han llegado
mal-vivientes y malandros muy violentos
con sus patas y sus cuernos en parvadas
a robarse de las almas nuestros cuerpos.
Muchos hombres por maldad sacrificados
claman sin ser sepultados por las almas
de sus hembras mancilladas sin pretexto
en la arena del desierto que las baña.
Las mujeres ya no salen de sus casas
con confianza, pues las matan sin motivo
los malditos fugitivos del infierno,
pero así será de eterno su castigo.
Hay más rejas y candados que encadenan
los hogares que en las celdas de la cárcel.
Hay más tumbas en las calles y más sangre
que en panteones y hospitales. No se vale.
Será negro mi vestido hasta que cedan
los temores que doblegan a la gente
que se muere lentamente en sus hogares
ya no más violencia en Juárez! ¡No más muertes! |
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