Ganador del Premio Nacional De Autobiografía "Alejo Carpentier" para obra publicada 2008. . 5 visitantes distinguidos en este momento.
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La silla vacía Autor: Paulino Arreola Arreola 18 de junio de 2009.
La democracia es un sistema de organización en donde la
toma de decisiones del gobierno debe responder a la voluntad colectiva de los
ciudadanos. Para Wikipedia, la enciclopedia libre, hay varios tipos de
democracia, entre las que destaca: a) democracia directa, b) democracia
indirecta o representativa y c) democracia participativa. En México, utilizamos
la democracia indirecta y representativa, en la que “…la decisión es adoptada
por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes.”
Sin embargo, la democracia en México es un sistema que
hace ya muchos años caducó, pues no se cumple con la condición básica para dar
legitimidad a sus gobernantes.
Debido a múltiples factores, tales como: los
repetitivos fraudes electorales perpetrados a lo largo de la historia de la
democracia en México, el desencanto del pueblo a causa de la corrupción e
ineptitud de sus gobernantes, etc., cada vez más ciudadanos votan por el partido
o candidato “menos malo”, anulan su voto, o definitivamente dejan de votar.
Lamentablemente, la ley electoral obliga a votar
exclusivamente por los candidatos que se indican en la boleta y que deben por
fuerza pertenecer a algún partido político reconocido por el Instituto Federal
Electoral. Es decir, el votante no tiene voz si no pertenece a algún partido y
tampoco puede votar por candidatos independientes.
Por tanto, al ciudadano le quedan muy pocas opciones,
entre las que sobresalen: votar por el candidato o partido menos malo, la
anulación del voto y la de no acudir a votar.
En todos los casos anteriores se aplica el privilegio
que tienen los ciudadanos en edad de votar, pues como votar es un derecho, el
votante se adjudica la prerrogativa de utilizar el derecho o declinarlo.
Anular el voto o no votar también son formas de ejercer
la democracia, porque implica la decisión de un ciudadano de no dar su apoyo a
ningún candidato o partido. Sin embargo, los partidos se aprovechan del sistema
en la medida en que por muy pocos votos que sean emitidos el día de la elección,
de cualquier manera habrá un ganador al final de la contienda electoral.
Esto implica -como lo hemos comprobado a lo largo de la
historia, cuando hemos tenido que elegir gobernantes para los tres niveles de
gobierno y para el poder legislativo- que no siempre hemos tenido gobernantes o
legisladores que fueron electos por mayoría. Es decir, ESTAMOS SIENDO GOBERNADOS
POR LA MINORÍA, lo cual no es democracia.
Todos estamos de acuerdo en que debe reconocerse el
triunfo al candidato que obtenga más votos, pero vea el siguiente ejemplo con
piedritas, o con manzanitas, según como a usted le sea más fácil explicárselo a
sus vecinos y compañeros de trabajo:
Si hay 100 votantes en el padrón, pero solo acuden 20 a
sufragar, de los cuales 10 anulan el voto y el resto se reparte entre todos los
candidatos en la contienda, al final tenemos que el candidato que obtuvo la
mayoría relativa fue el que obtuvo 4 o 5 votos.
Entonces imagínese usted, amable lector, de 100
votantes que había en el padrón, nuestro flamante candidato ganador ha obtenido
el derecho a representarnos por tres o seis años con tan solo el 5% de los
miembros de ese distrito electoral, municipio, estado o del país.
Repito, nos gobierna la minoría, y eso no es
democracia. Nuestro sistema electoral esta caduco.
¿Pero qué hacer para arreglar este sistema en donde
nuestros gobernantes NO representan a la mayoría absoluta?
¿Qué hacer mientras esos legisladores electos por una
minoría relativa siguen empecinados en legislar a conveniencia para perpetuar a
sus candidatos y a sus partidos en los curules del poder legislativo y en los
puestos del poder ejecutivo en sus tres niveles?
Mi propuesta concreta es la siguiente:
SI LOS CANDIDATOS NO LOGRAN LA MAYORÍA ABSOLUTA,
ENTONCES QUE SE QUEDE LA SILLA VACÍA.
Por este medio hago una atenta invitación a todos los
candidatos que aún conservan el principio de ÉTICA y el valor del RESPETO a la
voluntad ciudadana, para que si no logran la mayoría absoluta el día de la
elección, no acepten el puesto, pues no fueron electos por voluntad ciudadana,
sino por aberración de una ley electoral que los mismos legisladores han
diseñado a conveniencia.
Debido a la cercanía de las elecciones, no es probable
que la ley electoral se reforme a tiempo para cumplir el requisito de MAYORÍA
ABSOLUTA, pero si los candidatos cambian y FIRMAN ANTE NOTARIO el compromiso de
no aceptar el puesto si no logran la mayoría absoluta, y lo cumplen, entonces
los ciudadanos sabrán que esos candidatos y sus partidos son ÉTICOS y
RESPETUOSOS. En consecuencia, los votantes sabrán cuáles candidatos y partidos
se sacrificaron en bien de la democracia y seguramente serán reconocidos cuando
se vuelvan a postular en elecciones posteriores.
Referencias:
http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia
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