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Los niños del basurero:
memoria de infancia Recuerdo especialmente un prólogo que elaboró Jorge Luis Borges a razón de la publicación de las Crónicas marcianas de Ray Bradbury en español. Me fascinó; su prólogo invitaba de manera muy especial a la lectura del libro. A 60 años de su publicación (fue antes de 2002 cuando me tocó leerlas), las Crónicas ni me parecieron tan marcianas, ni me sonaron a ciencia-ficción ya que cuando el libro se publicó, Bradbury y otros autores miraban el futuro en el año 2000. Con estos cuentos, donde el futuro es, al menos en términos de cronología, cosa del pasado, me dio para reflexionar en el tiempo. Circunstancias como estas acercan la idea de que el contar es un ejercicio de transferir, entre un tiempo y otro, experiencias propias o ajenas. Lo mismo sucede con la lectura de un libro. Por lo general al terminar el libro recapitulamos sobre él, reescribimos la presentación, hacemos en una u otra medida un postfacio. Nos recargamos en nuestra silla, llevamos un libro un poco a la altura de nuestros ojos y reordenamos las cosas que el escritor puso para nosotros en él; reconstruir una historia, redefinir a los personajes, imaginarlos, darles cara, espacio y tiempo para participar en cada pequeña obra. Desentrañar las tramas, reinventar finales. Efectivamente, Los niños del basurero aparecen con tanta frescura y nitidez que parecen que relata pasajes de nuestra propia vida, de una vida real. Están tan relacionados los personajes con nuestras propias aventuras y desaventuras que parecen ciertamente personajes de ciencia ficción. ¿Quién no recuerda en las noches de insomnio aquel viaje que hicimos de niños a casa de nuestros parientes, que vivían en otro pueblo, en una casa enorme y vieja, y donde se contaban las historias que la familia revive en cada sobremesa de esas añoradas reuniones familiares acaso porque dejamos de ser niños? Al término de la lectura de Los Niños del Basurero: memoria de infancia me ha quedado la sensación de lo trágica que es la vida de los niños, y al mismo tiempo de lo valioso que resulta vivirla como tales, como niños. Me dieron la oportunidad de verme en ese tiempo en que los monstruos eran representados por nuestra propia sombra después de la caída del sol y los héroes eran seres tan materiales que vivían en nuestra propia casa. Raúl Alfaro |
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Ultima Actualizacion de Pagina Monday, 24 de December de 2007 05:44:51 PM |